
Este verano tuve la suerte de pasar unos días en Suances, donde mi prima Angelines me invitó a una preciosa casa que tiene, con vistas a la montaña. Era una gozada levantar la persiana y contemplar un cerro verde y enormes hortensias de varios colores. Poder disfrutar de su paseo marítimo, con un clima suave y veraniego junto al mar, fue para mí un gran motivo de relax.
Angelines se propuso que aquellos días en Cantabria fueran inolvidables y de veras que lo consiguió.
Me llevó a Comillas para que conociera El Capricho de Gaudí.
Yo había visto fotografías y sabía que su dueño era Máximo Díaz de Quijano, un joven burgués cántabro que, como muchos hombres y mujeres del siglo XIX, emigró a América para hacer fortuna. Estos viajeros eran conocidos como indianos.
En Cuba trabajó como abogado para el I marqués de Comillas, una figura que desempeñó un papel clave en su trayectoria.
Máximo no solo era un hombre de leyes; también sentía una gran inquietud intelectual por la música, la botánica y la escritura.
Al regresar a España quiso construirse una casa donde descansar y rodearse de todo aquello que le inspiraba. Fue entonces cuando el marqués le recomendó a un joven arquitecto catalán, Antonio Gaudí, que era amigo de su yerno.
Angelines ya la había visitado en varias ocasiones. A mí me llamaron especialmente la atención sus colores y sus azulejos con motivos de girasoles. En muchos de los ornamentos que la componen parece que se mezclan la arquitectura, la música y la pintura.
Las formas curvas y una torre que recuerda a un minarete hacen de ella una casa muy original. Gaudí se inspiró en la naturaleza para crear muchos de sus detalles. Debido a su delicada salud, pasó mucho tiempo en la casa de campo familiar, conectando con la que sería su gran maestra: la naturaleza.
Hoy, El Capricho es uno de los lugares más visitados de Comillas.
Esta visita a Cantabria me hizo reflexionar sobre las distintas costumbres y sobre lo peculiares que somos en esta España nuestra.
Nada más aparcar el coche, una señora mayor, hablándonos a voz en grito desde uno de los miradores de su casa, tan característicos de aquel lugar, nos pidió que lo quitáramos porque tapaba un camino por el que venían los tractores tras la jornada de trabajo. Nos quedamos sorprendidas porque el camino era tan estrecho que apenas podría transitar por él una bicicleta.
Lo cambiamos de lugar y continuamos caminando hacia la casa. Un poco más adelante, otra señora, situada de forma similar a la primera, nos indicó que aligeráramos el paso porque las visitas eran con hora. Le dimos las gracias, haciendo un esfuerzo por contener la risa.
Resultaba curiosa la forma que tienen ciertas personas de controlar a los visitantes de tan insigne y popular lugar.
Sole a mí me encantó también. Esos girasoles que buscan el sol por toda la fachada.
La torre cilíndrica que parece un minarete persa, y el interior diseñada como una casa musical, con las barandillas de los balcones simulan claves de sol y semicorcheas, y los contrapesos de las ventanas son campanas tubulares que emiten sonidos al abrirse o cerrarse….es como estar en un cuento…
Me alegro muchísimo de que pudieras disfrutar de ese regalo que Gaudí nos dejó.
Un beso grande
Muy real. Me alegro que te gustara tanto.
Lo pasamos muy bien. Siempre tú compañía es un. privilegio
El texto es un relato de viaje muy logrado: combina descripción, datos históricos y un toque de humor costumbrista con naturalidad y cercanía. El uso de la primera persona y las referencias a Angelines crean una sensación de confianza y calidez que encaja muy bien con un relato de viaje.