Los Mayores Cuentan

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El banco. Relato de Rosario Badillo

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Manuel, que estaba jubilado, todas las tardes se sentaba en un banco del parque que había enfrente de su casa para leer el periódico 20 minutos, que es gratis. Lo cogía todos los días en el súper, cuando iba a hacer la compra diaria. También en el estanco compraba un paquete de cigarrillos; era un gran fumador, lo que no le venía nada bien a sus pulmones. El médico se lo decía, a lo que él respondía: “¿Ya qué más da?”.

Vivía solo; su mujer había fallecido hacía un año tras muchos años de matrimonio. Su hija quería que se fuera a vivir con ella y su marido, pero a él no le parecía bien, porque les restaría intimidad y podía ser una carga.

También le habían sugerido contratar a alguien para que le ayudara y le hiciera compañía. Esa opción no la quería de ninguna manera: pensar que alguien pudiera tocar y manipular las cosas de su mujer no lo podía soportar. De momento con las tres horas a la semana que venía la asistenta desde hacía tiempo se apañaba. La salud le respetaba de momento: “El día de mañana ya veremos”, decía.

Una tarde, ya en el banco habitual, viendo jugar a los niños a la pelota, uno de ellos se la lanzó y él la paró. El chico vino corriendo y le dijo: “¿Me la das, abuelo?”. “No soy tu abuelo, pero te la doy”, respondió el.

La mamá se acercó diciendo: “No molestes al señor”, y él contestó: “No me molesta, es un niño muy simpático y guapo. Me ha llamado abuelo”. La mujer se sentó con él riendo. “Es que no tiene abuelo, y le gustaría tenerlo, como muchos de sus compañeros. Vivimos solos en Madrid”. A partir de ese día, cuando coincidían se sentaban y charlaban. Le contó que era soltera; su pareja, cuando se quedó embarazada, la abandonó.

Un día la joven llegó muy triste y preocupada. Llorando, le comentó que en el trabajo le habían cambiado el turno, por lo cual el siguiente mes no podría recoger al niño del colegio, y pagar todos los días una canguro era difícil para su economía. Él se quedó un rato en silencio, y le preguntó: “¿Tú te fías de mí? Si quieres yo puedo recogerlo; ya sabes, vivimos cerca, llevarle a tu casa, darle la merienda, jugar un rato, esperándote. Como me llama abuelo, puedo ejercer de ello.” Ella le abrazó. “Manuel, me has salvado”.

La vida volvió a tener sentido para él. Incluso dejó de fumar para no perjudicar al niño.

2 Comentarios

  1. ¡Qué relato más bueno! Personajes muy actuales y creíbles e historia muy conmovedora. ¡Me ha encantado!

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  2. Muy tierno Rosario, además los tres personajes de la historia salieron ganando, especialmente el abuelo, que sin.buscar una familia, de repente.
    La encontró.
    Me encanta.

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