
Para mí, decir Costa Rica es pensar en uno de los últimos paraísos que quedan en la Tierra. Esta preciosa tierra caribeña está repleta de volcanes; algunos en activo, como es el Poás.
Recuerdo en mi viaje a Costa Rica ir a un balneario cerca de este volcán. Ver durante la noche caer la lava con un ruido estruendoso y el fuego me parecía una cascada de rubíes. ¡Maravilloso! ¡Y qué decir de su selva! No hay mas que ver sus imágenes.
Se puede coger un barco y recorrer parajes naturales donde vemos unos pájaros exóticos preciosos y otros animales menos exóticos como enormes serpientes. Lo que más me llamó la atención fue ese animal tranquilo llamado “perezoso” que no se inmutaba con nuestra presencia, subido a los árboles, agarrado a las ramas y mirándonos con sus redondos ojos que parecen dos bolas de cristal.
Cuando bajamos del barco y pudimos adentrarnos en la selva, ¡qué emoción, qué paz!
Su capital, San José, es pequeña, limpia, tranquila, donde observé con asombro que no hay rascacielos.
Y como última maravilla, Tortuguero, con su preciosa playa tranquila y protegida, donde van las tortugas a desovar. Allí las protegen de los depredadores y han convertido la zona en un Parque Nacional.
A las afueras de San José, en las laderas de sus montañas, podemos encontrar simples casitas de campesinos; no más de tres o cuatro, pero allí hay una escuela.
Nos dijeron que desde el año 1948 no hay ejército y, por lo tanto, ese dinero va a Educación y Sanidad.
¿Es o no es un paraíso?
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