Los Mayores Cuentan

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Cincuenta lunas sobre Eritrea. Relato de Soledad del Yerro

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Le damos las gracias a Soledad del Yerro por un relato que nos lleva nuevamente a un mundo real pero muy desconocido para muchos lectores.

Eritrea está situada en el cuerno de África y bañada por el mar Rojo. La colonizaron los italianos a finales del siglo XIX, y durante medio siglo mantuvieron su poder, hasta que los británicos tomaron el testigo en 1942, durante la ll Guerra Mundial, y la incorporaron a su Imperio, aunque su estancia fue breve.

Eritrea se federó con la vecina Etiopía en 1952, pero el acuerdo que parecía amistoso se convirtió en el desencadenante de una guerra. El gobierno de Isaías Alferwerki, que permanece en el poder desde 1991, tiene a Eritrea en un estado permanente de guerra. Esto hace que sus ciudadanos huyan a través de Etiopía o Sudán hasta llegar a Libia, donde buscan formas desesperadas para atravesar el Mediterráneo en busca de paz y una vida mejor.

Leiza y Naím, dos jóvenes habitantes de este país, estaban recién casados y se mataban a trabajar ayudando en el puerto por un sueldo miserable. Vivían con los padres de ella en el barrio de los pescadores, ahorraban hasta el último nakfa, con la ilusión de cruzar el Mediterráneo.

Un atardecer, cuando Naím llegó a su casa, le dijo a Leiza:

—Deja lo que estés haciendo, que quiero que conozcas a un amigo que tiene los mismos planes que nosotros.

—De acuerdo, enseguida me preparo y vamos donde tú quieras.

Se encontraron con Omar en una colina a las afueras de la ciudad, en un bar donde servían un té moruno, y se disfrutaba de unas preciosas puestas de sol.  Naím, después de las presentaciones protocolarias, muy impaciente le instó a que les contara sus planes para poder llegar a Europa.

—Conozco a un guardacostas. Si podemos reunir a cuarenta personas y le damos diez mil nakfas, pasadas cincuentas lunas llenas, nos tendrá preparada una patera, para que emprendamos viaje hacia Europa.

—Amigo, ten la completa seguridad de que haremos todo lo posible por reunir el dinero que nos corresponda, e intentaremos reclutar gente que quiera seguir nuestro camino —prometió Naím.

Desde ese día, al caer la tarde después de terminada la faena, Leiza y Naím se subían a la colina para ver cómo tras la puesta del sol, aparecía la luna y cuando, detrás de cuarto creciente le llegaba el ciclo a la luna llena, lo iban anotando.

Según se iba acercando la quincuagésima luna llena sobre el cielo de Eritrea, el corazón de ambos latía aceleradamente. Estaban a punto de conseguir su sueño.

Su aventura iba a comenzar de inmediato, el grupo y el dinero estaban ya preparados.

Salieron hacinados en una patera, eran muchos más de cuarenta entre niños y mayores los que la fueron ocupando, todos con mucho miedo porque sabían que la travesía era peligrosa, pero antes morir que vivir tan inhumanamente.

Leiza  y Naím,  cogidos de la mano y con lágrimas en los ojos, miraban como se alejaban de su tierra, llevándose la sensación de que la luna, que veían reflejada en el mar y les acompañó hasta que la luz del alba dio paso al primer día de su nueva vida, les iba a dar suerte.

Pasaron muchos días navegando en condiciones extremas, el hambre, el frio y la sed les fueron agotando (varios de sus compañeros de viaje murieron), hasta que un amanecer vieron un buque que se les acercaba. Todos empezaron a levantar los brazos a la vez que gritaban con sus escasas fuerzas, pidiéndoles auxilio.

Tuvieron la suerte de que fuera el Aquarius, barco de la» ONG SOS Mediterraneé»,  dedicado al salvamento de emigrantes, los que les recogieron y les prestaron ayuda de todo tipo. Su alegría se vio empañada cuando varios países europeos no les dieron permiso para que desembarcaran, hasta que supieron que en España podrían hacerlo.

Se encontraban exhaustos, la distancia era larga y el mar bramaba por las tormentas. Naím, estaba más agotado que Leiza.

—Ánimo, mi amor, que pronto nuestro sueño se va a ver cumplido —le decía a su esposo besándole cariñosamente.

Varios días después, avistaron las costas valencianas y la felicidad y la alegría llenó de momento la vida de los pasajeros.

Naím y Leiza ahora viven entre nosotros. No lo tienen fácil, pero están intentando abrirse camino muy lejos de su tierra y de su gente, confiando en que también les sean propicias las 50 lunas llenas sobre Madrid.

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