Los Mayores Cuentan

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Cebreros. Relato de Mª Luisa Illobre

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Le damos las gracias a Mª Luisa Illobre por este bonito relato que tan bien refleja algunas de sus experiencias, muy presentes en la memoria a pesar de los años transcurridos.

Hace tiempo nos enteramos por familiares, que ya lo conocían, de este pueblo de Ávila. Está camino de Gredos y es un precioso lugar con muchísimas viñas, montañas, cerca de El Tiemblo. Nos animaron para ir a conocerlo, lo que hicimos en un fin de semana. Nos pareció un sitio estupendo, por lo que volvimos varias veces más. Hacen unos carnavales increíbles y en las fiestas, que además incluyen encierros y toros, en la plaza se instala un barril del excelente vino que elaboran, para los que les guste.

Después de volver varias veces pensamos que debíamos tratar de comprar algo allí. Finalmente compramos un chalet que anteriormente había sido un bar-terraza con un jardín y después de una gran reforma pudimos ir allí todos los puentes y fines de semana y disfrutar los veranos y las vacaciones. Era una maravilla salir de mañana y poder respirar el aire sin contaminar que respirábamos en Madrid.

Todos los viernes esperábamos a que nuestras hijas dejaran el colegio y emprendíamos el camino hacia el pueblo. Lo peor eran las caravanas hasta llegar entre “¿cuándo llegamos?”, vomitonas y demás, el viaje se nos hacía pesado. Pero el pueblo seguía siendo el gran aliciente para dejar la locura de Madrid.

En verano también podíamos ir hasta el pantano de San Juan a darnos un bañito. De esto hace mucho tiempo y seguro que actualmente ya no habrá los viñedos que nos maravillaban. Ahora hay una estación de autobuses, varias cooperativas vinícolas y todo habrá cambiado mucho.

Seguimos yendo a nuestro chalet durante catorce años y el día que nos despedimos de Cebreros nos dio pena hacerlo, pero el camino de ida y vuelta al pueblo se había hecho insoportable. Infinidad de coches intentando salir de Madrid. El sitio está retirado, eran 90 km. Y unas carreteras que no eran lo que son ahora. El chalet era una monería, pero después de reunirnos la familia decidimos dejarlo.

De todos modos, guardamos un gran recuerdo de aquellos años. Ahora han transcurrido cuarenta años, pero nos seguimos acordando de la felicidad que tuvimos allí y lo arropados que nos sentíamos en Cebreros, tanto por el pueblo como por su gente, y muchos pensamientos vuelan hacia aquellos años, aunque actualmente no será ni parecido a lo que nosotros recordamos. Hemos vuelto un par de veces para dar una vuelta y ver lo que hace tiempo fue nuestra casa y nos volvemos con un recuerdo entrañable de Cebreros.