Creía yo que la flecha que me asignó Cupido
había caído en tierra fértil, abundante y generosa.
Que el amor era cosa de un instante lo aprendí en seguida.
No sabía entonces que el amor, como el cuerpo, como el alma,
necesita de cuidados y dedicación intensivos,
de compromiso, de solidaridad sólo entre dos, de desprendimiento
entre dos nada más, tú y yo, solos y únicos.
Más tarde he comprendido el error:
cuando el amor todavía es más amor,
pero amor trascendido y reposado.
