Los Mayores Cuentan

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Año bisiesto. Relato de Mª Luisa Illobre

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Le damos las gracias Mª Luisa Illobre por su oportuno e interesante relato.  

Llegó febrero con sus 29 días. Parece un poco extraño que cada cuatro años aparezca un febrero que se resiste a terminar, pero es lo que hay. Personas que celebran su cumple de vez en cuando, pero lo agradecen, ya que anualmente quizá a algunos se les hace un peñazo cantar el “Cumpleaños feliz”. A mí me parece estupendo a pesar de comprar una tarta o pastelitos que normalmente se fabrican varios días antes. Pero es una satisfacción soplar un montón de velitas.

Luego llegan los regalitos que normalmente a pocas personas les vienen bien. Ya tienen algunos parecidos, pero que se agradecen igual. Van a parar al cajón donde ya se encuentran los anteriores y que vienen estupendamente para regalar en otros cumples, y que reciben con alegría a los nuevos pues, aunque sean repes, siempre tienen un buen aprovechamiento.

En días pasados me encontré en el ascensor al vecino del 5º. Es un jubilado que vive solo un retiro alegre, con varias amigas-amigos. Sabía que su cumpleaños es el día 29 de febrero por las dichosas reuniones de la comunidad. Se me ocurrió felicitarle, pero no pensé en que no le gustaría mi felicitación, de lo que me di cuenta al notar un signo de disgusto en su cara. Me preguntó en un tono no muy amable: “¿Y a Vd. quien le ha dicho que hoy cumplía años?”. “Disculpe, son muchos años en el mismo edificio y es por lo que sé su fecha, que no todo el mundo cumple años el 29 de febrero”.

Para suavizar un poco la conversación mientras el ascensor paraba, le comenté: “¡Claro! también es un poco rollo pensar en una comida un poco especial…”. Prácticamente no me dejó terminar, ya que abrió la boca para decirme: “Esto les pasa a los vecinos por querer indagar la vida de los demás”.

No recuerdo haber pasado una vergüenza mayor en la vida.  Solamente por tener una buena educación. Al llegar a la oficina y cuando todos los compañeros nos deseábamos los buenos días, yo les contestaba con un bufido. Todo por ser una persona educada.

A la salida había llovido y con una mala pata se me ocurrió pisar los charcos, salpicando a todas las personas que circulaban a mi lado. No me importaba oír: “Señora, mire donde pisa”. Me da lo mismo. Es un día tonto. Menos mal que es que la cosa se repite cada cuatro años. Eso que tiene fama de ser bisiesto cada cuatro años.

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  1. Muy original.

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  1. Muy original.

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