Los Mayores Cuentan

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Don Santiago Muñoz. Relato de Mª Luisa Illobre

El pueblo se llamaba Torrecilla de Arriba y en él vivía desde hacia 95 años D. Santiago Muñoz, al que acompañaba, desde hacía cuarenta años una señora, llamada Carola, que desde entonces atendía a D. Santiago fielmente. Entró en la casa cuando era una jovencita, tenía una pequeña minusvalía, que para nada le impedía cumplir con su obligación. Después de tantos años se había formado una relación familiar.

Un buen día D. Santiago se sintió enfermo, Carola fue a avisar al médico que se presentó en la casa inmediatamente y sus noticias fueron que al señor le quedaban pocos días de vida.

La noticia se extendió por el pueblo y llegó hasta dos sobrinos que nunca se habían ocupado de su pariente, pero conocían que el mismo estaba en muy buena situación económica, por lo que decidieron emprender viaje hasta Torrecilla, con la intención de disponer de una herencia suculenta. Al llegar lo primero que hicieron fue ir a ver una caja de caudales que el señor tenía, pero como es natural estaba cerrada con llave, por lo que con suavidad preguntaron a su tío que como podrían abrirla, pero el señor estaba moribundo, y no consiguieron nada.

El día siguiente murió D. Santiago, con un gran desconsuelo para la fiel Carola. Sus sobrinos no conseguían encontrar la llave, por lo que decidieron acosar a la sirvienta, ya que pensaban que podría saberlo, y ante su mucha insistencia, Carola les informó del sitio donde el señor escondía la llave.

Inmediatamente abrieron la caja, con gran trabajo, ya que la cerradura estaba oxidada, pero solo pensar en el dinero que habría dentro, aparte de posesiones y demás bienes les ayudaba en su avaricia. Al fin la caja se abrió y pudieron comprobar que contenía una especie de bolsa que al tocarla soltó una humareda que les dejó medio mareados. Cuando se disipó el humo pudieron comprobar que estaba completamente vacía y al lado solo había un sobre conteniendo una carta manuscrita del fallecido en la que dejaba todos sus bienes y posesiones a los más necesitados de Torrecilla de Arriba para que en un tiempo pudieran salir de su situación.

La casa con todo su contenido pasaría a Carola en agradecimiento de haberle asistido durante cuarenta años.