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La Cuesta de Moyano. Artículo de Carmen Cendón

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La Cuesta de Moyano ha cumplido ya cien años como la feria permanente de libros más emblemática de Madrid. Su origen se remonta a la antigua Plaza de Atocha, donde los libreros compartían espacio con los puestos de fruta. En 1919, estos puestos se trasladaron junto a la verja del Jardín Botánico y, finalmente, en 1925, el Ayuntamiento los ubicó de forma definitiva en la calle de Claudio Moyano.

La calle rinde homenaje al político y ministro de Instrucción Pública, autor de la trascendental Ley de 1857. Esta normativa fue clave para combatir el analfabetismo en España al establecer las tres etapas educativas que conocemos: Primaria, Secundaria y Superior. Una estatua del ministro preside hoy la entrada de la feria, en lo que Francisco Umbral bautizó magistralmente como «la calle más leída de Madrid».

El Ayuntamiento encargó el diseño de unas casetas de madera específicas para la compraventa de libros, adjudicándose la primera el 11 de mayo de 1925. Desde entonces, nombres como los Hermanos Plaza o Amparo Comís Escolar han formado parte de sus 30 casetas.

La feria ha demostrado una gran resistencia a lo largo de la historia:

  • En la Guerra Civil solo cerró durante los días más cruentos de la contienda.
  • Durante el franquismo, algún librero se tuvo que ver con la censura, y la Cuesta se convirtió en un refugio de cultura clandestina donde se vendían «de tapadillo» obras de Orwell, Voltaire o Ramón J. Sender.
  • Ha recibido visitas asiduas de figuras como Dámaso Alonso, José María Pemán o Pío Baroja (quien cuenta con una estatua en la parte superior). En 1972, incluso un Max Aub recién retornado del exilio se convirtió en un asiduo de sus puestos.

El siglo XXI trajo desafíos importantes. La Cuesta tuvo que cerrar temporalmente debido a los atentados de Atocha en 2004 y, más tarde, por la pandemia de 2020. Un incendio en una estación eléctrica de la calle Almadén obligó a los libreros a regresar provisionalmente a la verja del Botánico, momento que se aprovechó para una remodelación profunda.

El 19 de abril de 2007, la Cuesta reabrió sus puertas transformada en un paseo totalmente peatonal, libre de humos y vehículos. Recientemente, en mayo de 2025, la Cuesta celebró su centenario por todo lo alto, reafirmándose con numerosas actividades culturales como el corazón bibliófilo de la capital.

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