Los Mayores Cuentan

Blog participativo hecho por mayores para mayores

¡Bendita cuchara! Relato de Rocío Urraca

Compartir

Llevaba un tiempo deprimido, le faltaban ganas de vivir y no sabía cómo continuar. Introvertido, hablaba poco con los vecinos y lo estrictamente necesario con los comerciantes del barrio. Se sentía enfermo, pero lo que le dolía era el alma.

Estaba en la cocina, oyendo la radio por Alexa, un dispositivo facilitado por una fundación para gente en paro.  Dejó en un rincón de la encimera su móvil junto a tarros de cristal, rollos de papel y de aluminio, alguna goma elástica para cerrar bolsas, y había sacado del cubertero una cuchara de plata sopera espectacular, de unos 22 cm de largo, labrada desde el mango a la paleta. En una palabra: una cuchara regia, que venía a ser un punto discordante de opulencia, comparándola con la austeridad aparente con la que vivía.

Con una goma fuertemente ceñida al brazo, calentó con el mechero la cuchara forrada con papel de aluminio que contenía una sustancia blanca —previamente escondida en una bolsita dentro del tarro de sal— y preparó la jeringuilla dispuesto a abandonar cuanto antes aquel sufrimiento tan repentino e inesperado.

No pudo seguir, porque de pronto, sonó su móvil con la palabra URGENTE en pantalla; Alexa le llamó por el altavoz e incluso el teléfono fijo también sonaba. Escuchó atentamente el mensaje y le cambió el rostro. Respiró aliviado y comenzó a reír y llorar a la vez. En los tres aparatos el mensaje fue el mismo: «Estimado Sr. Cardenal, lamentamos profundamente la confusión y le pedimos disculpas. El diagnóstico que le hemos hecho llegar no es el suyo. Se trata de un error informático al cruzar datos».

Soltó la goma de su brazo, tiró todo a la basura y decidió homenajearse en un restaurante de lujo llevándose la cuchara. Y se dijo: «Vivir. Esa es la mejor prescripción facultativa».

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *