
El anillo que colocó Manuel en la mano de Pepita, el 9 de septiembre de 1909 sigue aún en el dedo corazón de la mano izquierda de su nieta Pilar hasta el día en que ésta aliente por última vez, ya que su abuela Pepita es la mujer de su vida.
Pepita tenía doce años y ya sabía lo que era la desgracia. Perdió a su madre, Pilar Gascón, cuando ésta alumbró a su sexta hija. Las fiebres puerperales acabaron con su vida. Tres semanas más tarde su padre, Antonio Giner, falleció del corazón.
Seis hijos quedaron huérfanos y desvalidos y sus abuelitos maternos les cuidaron con fatigas durante varios años. Llegó un momento en que esta tarea ya no la podían asumir y Pepita, con diecinueve años y tres hermanos pequeños a su cargo, tomó una decisión.
Su pretendiente, Manuel Rodríguez, le dijo:
—Pepita, yo no te puedo ofrecer grandezas —y colocando un anillo en su dedo, continuó—. Cásate conmigo y cuidaré de todos.
—Manuel, no te amo y ¿sabes dónde te vas a meter?
—Lo sé, Pepita, lo sé.
No se habló más y la pareja celebró su enlace. Pepita no había cumplido los veinte y Manuel tenía diez años más.
Pepita terminó amando a su esposo, pero de tres hijos, les quedó solo la pequeña, Pilar, que es madre de Pilar, la nieta de Pepita, la que conserva el anillo de su abuela.
Pepita fue una mujer muy adelantada a su época, siempre le decía a su nieta:
—Pilarín, estudia; tienes que valerte siempre por ti misma sin depender de nadie.
Este sabio consejo y muchos, muchos más dio Pepita a su nieta Pilar; por eso ella siente a su abuela es la mujer de su vida.
A mi lita pepita
Mi abuela Pepita, mujer de mi vida.
Cada alborada palpo aún su anillo;
y al soñarla, mitigo mi herida.
Me ha encantado el relato, es muy tierno y conmovedor.
Muy bonito Pilar, cómo siempre!!
¡Es una suerte por tener una Pepita en la vida! Muy bonito, como todo lo que escribe !