
Hace unos días leí un artículo en el periódico sobre los vikingos. Recordé varias películas que vi hace muchos años en las que se les representaban con unos cascos enormes, con algo parecido a unos cuernos, luchando y batallando. Al leer que entraron en España por el norte, en el año 844, vino a mi memoria lo siguiente:
Hace unos años hicimos un viaje a Oviedo, porque mis hijos tenían que realizar un trabajo en aquella preciosa ciudad. En las horas que ellos trabajaban, mi marido y yo nos acercamos al pueblo de Cudillero, un lugar digno de visitar.
Fuimos a la oficina de turismo para que nos dieran información sobre lo más interesante que podíamos ver; a mí me sorprendió que todos los empleados eran rubios y con los ojos azules y se lo comenté a mi marido.
La joven que nos estaba atendiendo me sonrió y me dijo: «Es que en este pueblo, aparte de su encanto, descendemos de unos vikingos que se asentaron aquí, hace cientos de años. Se mezclaron con la población y hubo muchos matrimonios. Sus barcos o drakkars surcaron el Atlántico, ríos y corrientes durante varios años. También hablamos su dialecto, llamado pixueto, que tiene mucho en común con las lenguas germánicas, y según la leyenda, los cuervos que aparecen el escudo de la localidad proceden de aquella época».
«Les recomiendo que se pasen por el bar Hidromiel. Allí pueden tomar lo que les apetezca, y verán que les servirán con agrado; el nombre se debe a que los vikingos hacían una bebida que se componía de agua, miel y levadura. Según su costumbre, debían beberla los recién casados un mes seguido después de su boda y esto les traería fertilidad en su matrimonio».
Le dimos las gracias por su amabilidad y nos fuimos muy contentos, dando a entender, por mi indiscreto y asombrado comentario, que nos habían encantado todas sus interesantes explicaciones.
Pudimos comprobar que es uno de los pueblos más icónicos de Asturias, situado a orillas del mar Cantábrico. Se caracteriza por ser un auténtico anfiteatro de casas de colores que se asoma al puerto y al mar, con una fuerte tradición pesquera. Cuenta con reconocidas playas; la más destacada, para mi gusto, la Playa del Silencio.
Visitamos la Iglesia parroquial de San Pedro, en el centro de Cudillero, situada en el casco histórico, cerca del Ayuntamiento. Además, destaca la iglesia de Jesús de Nazareno, construida a principios del siglo XX, conocida también por su función de panteón y por ser un punto de interés relevante en la zona del Ayuntamiento de Cudillero.
Nos tomamos un abundante y exquisito aperitivo en el bar Hidromiel. Al decirles que nos lo habían recomendado en la oficina de turismo, el camarero que nos atendió nos dijo: «Seguro que no les han dicho que en aquella época también vinieron mujeres vikingas a luchar como si fueran hombres, y un antepasado del dueño de este bar se enamoró de una de ellas. Un catorce de febrero se unieron en matrimonio. Por supuesto que tomarían durante un mes la bebida que les daría fertilidad, porque tuvieron diez hijos de ambos sexos».
Es una narración muy amena, con un equilibrio atractivo entre historia, tradición y experiencia personal. Es un texto que invita no solo a conocer Cudillero, sino también a reflexionar sobre cómo el pasado pervive en las costumbres y en las personas de hoy.
¡Qué viaje más bien aprovechado! Muy interesante y pintoresca la narración, sin duda transporta a ese bello lugar. Gracias por compartir este relato tan agradable. .