
La familia Paradiz vive en Villanueva de la Cañada, municipio donde está enclavado el parque acuático Aquópolis. Allí Araceli, que es probadora de toboganes, ejerce su oficio. El padre, Damián, es sexador de pollos. En la familia son cuatro, los padres y dos hijos, Herminio de veinte años y Eulalia de diecisiete. Tres de los abuelos murieron jóvenes y la abuela Clara, hace escasos meses, falleció a los noventa.
El día de Navidad de 2024 a mediodía, Araceli se dispone a poner la mesa, pero al entrar en el comedor, ve que ya está puesta y pregunta:
—¿Has puesto la mesa, Herminio?
—Yo no, habrá sido papá.
—No, yo tampoco. Habrá sido Eulalia que está en la cocina.
No hablaron más del asunto, y una hora más tarde se sentaron a almorzar. Antes de empezar con los aperitivos, miraron la silla vacía de Clara. La extrañaban tanto, que hacían como si ella estuviera, y siempre le ponían un cubierto. Tomaron de primero marisco y antes de terminarlo, el vaso de la abuela Clara comenzó a temblar.
—¡Papá!, ¿no ves cómo se mueve el vaso de la abuela?
—Sí, hija, será mi madre, que quiere celebrar la Navidad con nosotros.
Araceli, muy escéptica, dijo:
—¡Qué decís, Damián y Eulalia!, ¿cómo va a venir la abuela de la ultratumba?
—A lo que Herminio contestó:
—Ríete, mamá, pero la abuela Clara dijo antes de morir que volvería.
Todos querían que la abuela Clara volviera, pero Araceli, sabía que no podía ser. En el dintel de la puerta entre luces y sombras surgió una figura oscura. ¿Era Clara?
La familia emocionada se fundió en un abrazo interminable.
Que nostálgico! Me han dado ganas de leer más
Me ha encantado
Parece que toda la familia adoraba a la abuela