
Era la primavera del año dos mil veinte, y estábamos mi marido y yo sentados en la terraza de nuestra casa, cuando una bandada de pájaros pasó volando por encima de nuestras cabezas. Su cántico trajo alegría a la calle, pues estábamos recluidos por la inesperada pandemia que asoló nuestro país, y nos tenía sumidos en la tristeza.
Se fueron posando en las ramas de los árboles y sus trinos no cesaban, mezclaban los agudos con los lentos y a mí me daba la impresión de que estaba escuchando un concierto. Les hice una foto con el móvil y, buscando en una aplicación que tengo, supe que era una bandada de estorninos.
Entonces mi marido, que era músico, me dijo: “Te voy a contar una historia que leí en el conservatorio cuando estudiaba Historia y Estética”.
“En 1874 Mozart entró en una tienda de animales en Viena y escuchó a un estornino que silbaba una melodía y, para su sorpresa, el pájaro estaba interpretando el tema principal de su propio concierto para piano nº 17 en sol mayor.
Mozart había terminado de escribir esa obra unas semanas antes. Eso demostraba que el animal la había aprendido de alguien que la silbó después de escuchar el concierto o de alguna interpretación privada. Entre asombrado y divertido, compró el estornino y se lo llevó a su casa, donde lo mantuvo como mascota durante varios años. Este aprendió a imitar fragmentos de sus obras y otros sonidos de la casa.
Los estorninos son animales muy inteligentes y excelentes imitadores, capaces de reproducir voces humanas y melodías complejas. Por eso los grandes musicólogos aseguran que cuando Mozart compuso ‘La flauta mágica’, las notas más agudas que daba la soprano eran las que en sus cánticos reproducía el estornino”.
Lo cierto es que se nos pasó la tarde entretenidos y animados, pues la música, siempre bajo mi punto de vista, trae paz al espíritu.
Creo que tuvimos suerte de estar en primavera y así poder escuchar el concierto, porque estos pájaros emigran en otoño, aunque hace unos días escuché en un programa de radio que ya no emigran tan pronto, que por el cambio climático permanecen más tiempo en nuestro país.
Quizá tenga razón ese refrán que dice: No hay mal que por bien no venga.
Tu texto tiene una calidez y una serenidad que se sienten desde la primera línea. Me gustó mucho cómo describes ese momento en la terraza, con la llegada de los pájaros como un pequeño regalo en medio de la pandemia. La historia de Mozart y el estornino encaja muy bien y aporta un toque de magia y cultura que hace que el relato sea aún más interesante. Además, el cierre con el refrán le da un tono esperanzador muy bonito.
Muchísimas gracias por tu mensaje. Me anima mucho a seguir escribiendo historias.
Una esperiencia real y más que real los que te conocemos bien. Si tu queridisimos esposo pudiera leerlo se sentiría orgulloso de como has compartido con él su profesión. Una vez más, enhorabuena. Por tan brillante relato
Un relato delicioso, que une impecablemente una entrañable experiencia con una interesantísima historia de Mozart. Me ha encantado. ¡Enhorabuena a la escritora!
¡Muchas gracias!
Cómo contar en tan poco espacio una historia tan completa. Esperamos las siguientes.
!Pues en ello estamos! Muchas gracIas por tu comentario.
¡Qué relato más hermoso! Me ha encantado la forma en que has entrelazado la música de los pájaros con la historia de Mozart y la reflexión sobre la pandemia y el cambio climático. Me ha hecho sonreír y reflexionar sobre la belleza de la naturaleza y el poder de la música. ¡Gracias por compartir esta historia tan bonita!
Muchas gracias por tu comentario. ¡Me alegro de que te haya gustado el relato!
Sole, muchas gracias por tan bonito y sensible relato. Es un placer leerte. Un abrazo