
—Nos hemos reunido hoy en este centro para hablar sobre lo que nos sugieren las lluvias que han caído recientemente.
—Yo soy Julia, yo lo que prefiero son las lluvias de estrellas, me hacen más feliz que ir por la calle con paraguas.
—Pero Julia —dijo María—, ya sabes el dicho, nunca llueve a gusto de todos. A mí sí me alegra ver caer tanta agua y si son chaparrones, mejor todavía, mucha agua en poco tiempo.
—Me toca, soy Manuel, creo que hay gente que exagera; cuando caen cuatro gotas ya comienzan a inquietarse, no quiero ni pensar cuando caigan chuzos de punta.
—Sí, Manuel —dijo Belén—, pero has de reconocer que hay veces que descargan rayos y truenos y además ten en cuenta que hay gente que se organiza tormentas en un vaso de agua.
—Yo he venido a pasar un rato agradable —dijo Alfonsa— y no pienso meterme en ningún charco, así que si seguís renegando de la lluvia, yo no voy a subir la apuesta, no quiero que llueva sobre mojado.
—Estoy de acuerdo contigo, Alfonsa —dijo Carlos—. Mejor que seguir con la lluvia sería ver una película de las que echa Carmen, yo propongo que la próxima semana veamos Cumbres Borrascosas.
—Buena idea, Carlos, la del cine. Soy Beatriz y nunca podré olvidar aquel año en el que no pude salir de casa en toda la mañana porque se encharcó el portal y estuvo inundado hasta que llegaron los bomberos.
—Yo no he hablado hasta ahora, soy Concha y yo siempre recibo las lluvias como agua de mayo, creo que nos beneficia a los humanos, a los animales y a las plantas y por no seguir hablando de la limpieza del aire y de las aguas.
—Pues vamos concluyendo ahora que ha escampado, ha dejado de chispear y les deseo a todos que, pase lo que pase, salga el sol por Antequera. Y recuerden que en abril, aguas mil.
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