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Clase inolvidable. Relato de Soledad del Yerro

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Javier llegó a su casa después de salir del colegio y lo primero que hizo fue buscar entre los libros de la biblioteca de su padre un diccionario en español, ya que la profesora les había dicho que llevaran uno de casa, porque les iba a enseñar a manejarlo por orden alfabético.

Encontró uno con las tapas desgastadas, lo repasó y pensó que, aunque muy desgastado, le serviría para salir airoso.

Nada más entrar la profesora, cada niño saca de su cartera el diccionario, casi todos eran de bolsillo.

—¿Quién quiere leer el significado de la palabra diccionario? —dice la profesora.

Una niña sentada delante de Javier levanta la mano y lee.

—Diccionario: conjunto de palabras de una o más lenguas, en orden alfabético, con sus correspondientes explicaciones.

—Muy bien, aquí tenemos un primer concepto. Cada vez que necesiten conocer el significado de una palabra, deben consultar con un diccionario. Ahora usted, Juan. Busque la palabra amor.

—Amor —dice Juan—, vivo afecto entre una persona o cosa, ternura, suavidad, que te llena el corazón de ilusión y alegría.

Javier se queda sin aliento. Su diccionario define la palabra amor como “Una excusa perfecta para escribir canciones cursis, protagonizar comedias románticas y vender tarjetas con corazones en febrero”.

—A ver, Laura, ¿qué dice el diccionario sobre la palabra año?

—Tiempo que emplea la Tierra en recorrer su órbita.

Todos están de acuerdo, excepto Javier, ya que su contestación sería: “Año son trescientos sesenta y cinco días, que te harán recordar las risas que has compartido —por las arrugas que en tu cara tienes— y el mismo número de decepciones”.

—Ahora, Antonio, busque la palabra nariz.

—Nariz: órgano olfativo, su parte externa forma en el rostro una prominencia entre la frente y la boca.

Javier, a punto de llorar, lee en su diccionario: “La nariz es un órgano que sirve para percibir olores y, si es muy preeminente, para meterla en asuntos ajenos”.  Siente que va a tener problemas, no sabe cómo este diccionario está en la biblioteca de su padre.

—Javier, busque la palabra ruido.

El niño se queda en blanco, sabe que va a hacer el ridículo.

—Una hediondez del oído. Música sin domesticar.

Los niños repasan su diccionario y miran a la profesora, que se ha quedado muy seria; el significado leído tiene algo de certero, pero resulta vulgar; será culpa de la editorial, piensa.

—Javier, busque la palabra honesto.

El niño busca con rapidez y lee su respuesta.

—Honesto: afligido por un impedimento en la conducta.

Los niños se ríen porque la palabra significa decente, recatado, honrando, razonable.

—Javier, espero que no se esté riendo de mí.

—No, por Dios, doña Beatriz.

—Laura, busque la palabra gato.

—Gato: mamífero doméstico que caza ratones; máquina con un engranaje para levantar grandes pesos.

—Usted, Javier, busque la misma palabra.

—Gato: autómata suave e indestructible, provisto por la naturaleza para que reciba las patadas, cuando las cosas andan mal en el círculo doméstico.

—Por hoy se acabó la clase. Usted, Javier, me va a acompañar con su diccionario para revisarlo con la directora.

1 Comentario

  1. Gracioso

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