Los Mayores Cuentan

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Pajaritos. Un cuento de Mª Luisa Illobre

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Muchas gracias a Mª Luisa Illobre, por compartir este cuento tan invernal y tan bonito.

Se trata de un matrimonio jubilado, cuya vivienda se hallaba en las montañas de León. Llevaban una apacible vida y Federico era un enamorado de la gran cantidad de pájaros que habitualmente llegaban a su pequeño jardín, donde él se encargaba de alimentarles y tener siempre una buena cantidad de agua. Durante los meses que la temperatura era normal, siempre se le podía ver rodeado de gran cantidad de pajaritos, tanto pequeños como recién salidos del nido.

Sucedió que llegó un frío invierno. En   los montes comenzó una impresionante nevada durante muchos días y los habitantes de San Martín quedaron aislados, ya que ningún camión quitanieves podría llegar hasta allí. El matrimonio no pudo salir de la casa en quince días. Federico, desde sus ventanas observaba que los bloques de nieve iban rodeándoles cada día más. El matrimonio no tenía problemas ya que disponía de una enorme chimenea y el frío dentro era menor. Pero ¿qué le pasaría a sus pajaritos? No podían abrir la puerta, ya que un enorme bloque de nieve se lo impedía, pero desde la ventana veía que seguían llegando pájaros que morían de frío en la nieve.

Un día sin pensarlo más abrió la puerta con gran trabajo. El enorme bloque le cayó encima y recibió un  enorme porrazo, al tiempo de que gran cantidad de pájaros se introdujeron dentro. Pero él no podía moverse. Estaba paralizado y el dolor era enorme.

Su esposa pudo llamar al centro de emergencias, que ante el hecho, enviaron un helicóptero para poder llevar a Federico a un hospital en León. Llegó en grave estado e inmediatamente pasó al quirófano, donde hubo que ser intervenido de las dos caderas destrozadas. Pasó un mes en el hospital y  a pesar de enormes dolores y una gran rehabilitación se fue curando lentamente, pero sus caderas no volvieron a sostenerle en pié.

Muchos meses más tarde se le podía ver en el pequeño jardín rodeado de multitud de pajaritos que siempre le acompañaron en su silla de ruedas, pero Federico daba gracias a Dios por permitirle seguir cuidando de lo que más quería.

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